En junio 1922, Earl Chapin dejó constancia escrita de sus recorridos por el Club de Golf de Panamá, cuando el campo aún ocupaba su primera sede y el golf apenas comenzaba a echar raíces en el istmo.
“ El campo, que tiene apenas unos cuatro años de existencia, se encuentra a tres millas al este de la Ciudad de Panamá y su ciudad hermana Balboa-Ancón. Los links se ubican en un terreno ondulado, medio boscoso, rodeado de verdes montañas bajas. El efecto pintoresco se ve acentuado por el clubhouse tropical hecho de hojas de nipa y pilares de palmera. Exceptuando los vestidores, el clubhouse está completamente abierto al entorno, y desde el hoyo 19 se observa un paisaje lleno de jugadores empapados por la lluvia o el sudor, ganado, caballos, potros y caddies panameños.” “Durante la llamada temporada seca, de diciembre a mayo, el sol colabora para que el cuerpo sude a cántaros. El resto del año, la estación lluviosa incrementa la humedad corporal del golfista. No está bien visto abandonar la cancha solo porque las nubes bajas están soltando agua a razón de una pulgada por minuto. Uno se empapa en dos segundos de todas formas. Después de eso, el verdadero golfista sigue jugando mientras pueda ver el green entre el diluvio, aunque tenga que lanzarse a bucear por la bola. Por eso, los trajes a medida no tienen futuro en esta cancha. Parece más un baile de disfraces. En Panamá, esto es golf de potrero.” “El terreno se utiliza con un permiso de la familia Bermúdez Alemán, con excepción del sitio del clubhouse, que es propiedad del club. Al ganado le agrada el paisaje, especialmente los greens. Por ello, los greens están cercados y uno debe pasar por un torniquete antes de cada intento de putt. Y decimos ‘intento’ con toda intención, porque los greens combinan pasto Bermuda y sabana en el exterior, y se terminan sobre un círculo de arena con conchas de ostra. Ninguno de los greens es plano. Las lombrices de tierra dejan montículos de lodo con esmero. Esta combinación le da al golfista inexperto todo el desafío que pueda desear.” “Y luego están los ‘red bugs’. Estos microscópicos ácaros rojos habitan el césped, desde donde saltan alegremente a las piernas de los golfistas. Una vez que penetran la piel, mueren en paz, dejando a sus anfitriones en tormento. Por eso, en Panamá es costumbre ungirse las piernas con Glover’s Mange Cure o azufre antes de salir al campo. La administración del club provee los remedios. (En el vestidor masculino solía colgar un letrero que decía: ‘Buenos días. ¿Usó ya Glover’s Mange Cure?’) Un baño de agua salada al regresar puede salvar de mucho sufrimiento.” “El campo cuenta con 3,063 yardas en los primeros nueve hoyos y 3,184 en los segundos nueve, para un total de 6,247 yardas. El gobernador Morrow, padrino del golf en el Istmo, tuvo libertad absoluta para diseñar esta cancha. En sus viajes ha jugado en más de 110 campos de golf alrededor del mundo. Es un ingeniero distinguido, y demostró su talento en el Panama Club. En cada bloque de nueve hoyos, se puede encontrar: (a) Un hoyo de tres golpes, ubicado más o menos al centro, (b) Dos hoyos de un solo golpe… Cuando se organizó el Panama Golf Club en 1918, absorbió al University Club, con sus veintiún miembros restantes, y actualmente cuenta con una membresía de aproximadamente doscientas personas. Su cuota de inscripción y membresía es nominal. Muchos de los panameños más prominentes son fervientes seguidores del juego en este club. Algunos se unieron por su amor general a los deportes al aire libre. El polo, el cricket, el fútbol, el béisbol, el boxeo y las corridas de toros forman parte del programa regular de deportes en la zona del Canal. Cuando se invitó a los deportistas panameños a unirse al Club de Golf, rápidamente brindaron su apoyo a la organización."